Mona se queda

Hay muchos trabajos que tienen un parecido muy similar al arte, son creativos y la mayoría de veces están enfocados a darle grandilocuencia a los proyectos o a los productos que nos encomiendan o que por mero hobby, nos traemos nosotros mismos entre manos. Tanto el trabajo como el arte sólo lo concibo de dos formas, el trabajo bien hecho y el trabajo mal hecho y el arte bueno o el arte malo, aunque en el mundo artístico lo bueno del malo está separado por una finísima línea. De todas maneras creo que soy muy capaz de diferenciar el arte bueno, estoy avezado para remover bien el cedazo y cribar el grano de la paja. Al arte malo se le puede sorprender fácilmente y más todavía si has podido estar cerca del artista cuando crea, el sentido de la vista acompañando a la señorita actitud es infalible, no falla.

Como se dice en el argot del póker los “tells” delatan. Pistas que da uno de sí mismo sin darse cuenta, movimientos, gestos, tics, o posturas fuera de lo común, ni siquiera queriendo se pueden camuflar. Nunca se está a salvo de ellos, así que imaginemos que uno no es consciente de que va dejando pistas de su dejadez, de su poca convicción y de sus pocas ganas de hacer las cosas bien hechas, imaginemos que uno es un libro abierto, que se le ve venir a la legua, imaginemos que cuando tú vas yo ya vengo o te llevo un par de pueblos de ventaja. Viéndote trabajar apresurado, con poca mesura, tan solo con ganas de hacerle la foto enclenque, exento de cariño y carente de dedicación por la obra, acabar rápido porque esta mierda mancha, suelta polvo y el precio de las mascarillas está ahora por las nubes.

Desde mi punto de vista una creación artística buena no es fácil de concebir, requiere una cierta dedicación una visión perfecta del acabado final sin haber empezado todavía y un dominio sino perfecto, bastante bueno de las técnicas a emplear en su ejecución. Hay proyectos sencillos que se pueden llevar a cabo casi sin despeinarse, podría decir mejor casi sin ensuciarse, proyectos con materiales cotidianos que bien fusionados dan excelentes resultados, pero ya venimos a lo mismo, tiene que estar bien hecho, con una cierta resistencia y compostura, con decentes acabados. Por ejemplo, si es un árbol de navidad conformado con bambú, hilos de lana y adornos varios no debería desmontarse con tan solo observarlo, sí estoy hablando de una fragilidad absoluta, estoy hablando de que dicho arbolito no resiste a duras penas el flash de la cámara del móvil para metamorfosearlo de enclenque diseño a la imagen de mariposa fornida y portentosa que ornamenta en Facebook o en cualquier otra red en las que el artista se mueve y deslumbra a los impresionados seguidores y amigos. Pongo el ejemplo del árbol de navidad porque es uno de los muchos que personalmente yo he visto y el que me ha aparecido primero a la mente, quizás es por la pena que sentí en su momento al ver tanta debilidad. Pero también hubiera podido ser perfectamente algún diseño gráfico infumable, alguna muñeca de esas que se pusieron de moda hace unos años, con las facciones de la cara pintadas a mano de tal manera que informaban de un poco de estreñimiento muñequil. Tampoco se salvan algunas publicaciones nefastas de documentos más o menos importantes con apresurados “copia pegas” sin detenerse a leer el párrafo y que conduce a faltas de ortografía que le cambian por completo el sentido de la frase en cuestión.

Todo lo que hasta ahora he narrado entra en mi concepto de arte malo y trabajo mal hecho, no hay medias tintas es todo bastante pésimo. ¿Y qué pasa si el artista envalentonado se motiva y decide para empezar cursar unos modestos estudios para adquirir más creatividad? Es una decisión buena, el aporte de conocimientos para si mismo siempre es positivo, el saber no ocupa lugar y si te gusta… adelante. Un primer paso lleva a una gran meta. Entonces como ya se sabe, en estos tiempos que corren, el gran artista mejorado y renovado todavía se sumerge más en su afán de manifestar y elucidar al mundo y al adyacente submundo de sus redes anteriormente citadas, a base de fotos e imágenes de los trabajos manuales, del cartón recortado y las latas de refresco reconvertidas en flores. Eso sí, las imágenes al contrario de lo real, siempre mantienen la compostura y si carecen de brillo o tienen pocas luces, se retocan. Verlo de cerca ya es otro cantar.

Hay proyectos en los que uno se tiene enfundar el mono de trabajo. Pulir, lijar, tragar polvo, pintar repintar y volver a lijar a mano y a máquina. Ensuciarse y sumergirse en una serie de actuaciones quizás poco agradables para los artistas de lana y cartón con peinado impoluto, por esto cuando se les adjudica algún proyecto que requiere de labores pringosas poco agradables lo mejor es propinar unos brochazos sin cometido alguno para acabar rápido, fingir que se desconoce la técnica a emplear e intentar colar el gol a los que te confiaron el trabajo. A veces también es porque ya no se sabe más y el artista no es capaz de visualizar el proyecto acabado, cada uno tiene sus limitaciones. A pesar que con la herramienta internet si no eres capaz de ver como se procura un trabajo decente, apaga y vámonos. Por eso digo que:

Aunque la mona se vista de seda mona es y …

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A tientas con los ojos abiertos.

Creo que nunca he tenido ni la percepción ni la seguridad en mi mismo tan despierta como ahora mismo por lo que se refiere a lo cotidiano y a mi día a día personal e intransferible. No será por que me crea un poco más avispado que en un tiempo pasado, si no por el bagaje que ya acarreo a mis espaldas.

Podría decir que hoy por hoy, presionando hacia abajo y apretando con el pié, acomodaría unos cuantos bultos más en mi mochila, posiblemente innecesarios, pero ya se sabe que con tal de quedar bien con todos, pues eso, más carga para uno.

La realidad a la que se van a enfrentar “ellos” es bien distinta, voy a soltar lastre, de hecho ya lo vengo haciendo toda mi vida pero en pequeñas cantidades, para que no se note demasiado, para que no parezca que desprecio a la gente, para no ser el raro al que no le gusta nadie y ser un buen conciudadano, educado y bien integrado en la sociedad esta absurda y mayoritariamente falsa.

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imagen de Pixabay

Voy a poner el macuto del revés, lo volcaré, vaciaré todo su contenido en el suelo y escogeré, y volveré a escoger, aunque me lleve un tiempo recoger tan solo aquello que necesite de verdad, aquello que verdaderamente me haga sentir bien, me haga feliz y me sea llevadero.

No tiene cabida aquello que ocupe un espacio en vano, no hay ni un pequeño hueco para cargas inútiles. (Puestos a escoger no quiero cargar ni con mi propia consciencia, ya esté tranquila o no). No van a pasar mi criba, personas, tampoco doy opción a la monotonía ni al aburrimiento, ni mucho menos a momentos malogrados ni vacíos de contenido.

Se quedan sin billete todos aquellos que dicen ser mis amigos, aquellos que aprovechando esa situación dan rienda suelta al ninguneo y le  faltan el respeto a uno. Pero eso si “de buen rollo, por que somos buenos amigos” y cuando se es amigo muy amigo por lo visto hay vía libre para gilipolleces varias y tratarle a uno como al culo.

Los incondicionales de toda la vida, familiares y gente de bien que he ido recogiendo a lo largo de todo este camino tienen toda mi atención y respeto aparte de tener lugar asegurado en mi desgastada mochila.

Estos últimos años, me he dado cuenta que a mi particularmente me rinde más el apego con el sexo femenino, no se si será a causa de los elementos de la tabla periódica, o por que ya de por si, por naturaleza me resulta mucho más interesante el “sexo dèbil” que un parloteo de bar entre licores y fútbol.

Con eso no quiero que se ofenda nadie de mis allegados, ni tampoco quiero decir que los  momentos que ofrecen los hombres sean banales, simplemente me gusta prestar atención al comportamiento femenino, a la forma que tienen de ver la vida tan diferente, a las  maneras de disfrutar y recrearse tan distintas a las nuestras .No creo que esto me pase sólo a mí, cada persona es un mundo y en un mundo cabe de todo, hay muchísimo más espacio que en mi odiosa mochila.

Así que…

Queda dicho, voy a acumular en un montón todo aquello que vea innecesario, para  mi particular aventura y apartarme lo más deprisa posible para evitar que no se me vuelvan a incrustar utensilios indeseados ni individuos indeseables. Abro la cremallera del macuto de par en par a la cordialidad, a lo interesante, a lo desconocido, a despertares diferentes día tras día, a nuevos amaneceres y a enrojecidas puestas de sol.

Presiono más hacia abajo, para que quepan las situaciones extraordinarias, las sensaciones a flor de piel, y el misterio de las primeras veces. Y ahora ya no se si me ha valido de mucho vaciar la mochila anteriormente, por que ya la vuelvo a tener llena.

Regreso machete en mano, para hablar de lo innecesario, ya sean nombres propios o nombres comunes, nada que yo estime fuera de lo normal. En mi línea.

 

 

 

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Y una de arena.

L’oncle Sisco del Delta.

En primer lugar, yo soy del Delta del Ebro, por que esta es la tierra donde nací, después soy catalán y después español, en este orden cronológico. No por ideologías ni mucho menos, si no por que la tierra que conozco de pe a pa es mi Delta, es donde me he criado, por donde me he metido hasta las cejas de barro cuando era un crío, entrando en las acequias para coger ranas o para recoger alguna seta, sí setas, aquí en los desagües y en las acequias se hacen unas deliciosas setas. Conozco casi cada rincón de mi comarca, riberas y montañas, hasta soy guía. He entrenado corriendo y con bici por el monte, he paseado y he competido por parajes de gran belleza, he ido con mis perros a caminar por sendas y pistas forestales de las montañas que me hago mías, por lo tanto el sentimiento principal es para mi Delta, por que esto en realidad va de sentimiento. Cataluña está en segundo lugar, por que no la conozco tanto, se que está ahí, he visitado bastantes lugares y todos los rincones son bonitos, sus gentes estupendas, doy fe de ello y en realidad no puedo decir nada malo de Cataluña, ya lo dicen otros sin saber de que hablan.

España queda relegada al tercer lugar, no por que sea España, no por que son todos unos fachas, que no creo que eso sea verdad, si no por que todavía la conozco menos que a Cataluña, ni siquiera he estado en Madrid, pero sí tengo familiares en Huesca, Zaragoza, Málaga y a todos los he visitado alguna vez, a los de Huesca un poquillo más, pero aún así a España la desconozco, no le tengo la confianza que le tengo a Cataluña, ni a Cataluña, el amor que le tengo a mi tierra. El símil lo puedo hacer con los amigos, siempre hay un amigo o un familiar que se le quiere un montón, un poquillo más que a los otros, y no por eso vas a menospreciar a nadie. Personalmente, no menosprecio ni a Cataluña ni a España, pero sí a sus gobernantes, tanto los unos como los otros.

Escribo en castellano, por que fui a la EGB, y por que cuando escribo me expreso mejor que en catalán, por que este blog es plural y las artes no tienen idioma, además como esto es mio, escribo como me da la real gana. Soy fan de Alberto contador, admiro a Purito y sus explosivas victorias en llegadas picando hacia arriba, es un crack de tío, pero mira tú por donde, me siento más identificado con la forma de correr de Alberto, seré un nostálgico de la épica, eso será.

A última hora de la tarde del domingo 1 de octubre, estaba hecho polvo, bastante tocado por todo lo que había visto y por todo lo que se decía ( muchas, pero que muchas mentiras) os lo aseguro, lo del domingo fue una bestialidad, brutalidad gratuita contra gente de bien, vejaciones, golpes y segregar baba y más baba por la boca como perros rabiosos.

Facebook me da bastante asquito, pero en lo malo, siempre hay algo de bueno. Resulta que tengo como amigo, a un tal “Oncle Sisco del Delta”, que vendría a ser como el tío Francisco del Delta, casi nadie sabe quien hay tras ese nombre y l’oncle Sisco, con diferencia, es de lo mejor que te puedes encontrar en Facebook. Su misión es arrancarte una carcajada o por lo menos una sonrisa, con alguna frase hecha, con algún refrán o con cualquier cosa que él se inventa, siempre utilizando un vocabulario deltaico, con las palabras o frases que ya utilizaban nuestros abuelos, adaptadas a los tiempos que corren hoy día. De verdad no tiene desperdicio. El domingo con todo el sarao, entré en la red a ver como estaba el patio y me encuentro una publicación del “oncle Sisco” y con todo el pitote que se había liado, me hizo reír sin ganas, me hizo reír a carcajadas, y por eso lo voy a compartir con todos vosotros, por que al fin y al cabo, es la pura realidad. Leed entre líneas y veréis el verdadero problema. Una coña tan sencilla y que dice tanto. Para mí, simplemente sensacional.

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Y este es el verdadero problema.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otra cosa que se  me olvidaba, aquí en mi tierra, a los golpes de porra u otro utensilio contundente, se les denomina “buscallades”

 

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A mí, me pones piña, manzana o melón en la ensalada y te meto una buscallada en el lomo que pierdes los sentidos.

 

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Una de cal…

Intenciones contaminadas

Hola hermano, siente como te arropo con mi calor, te doy la bienvenida, encuentra en mí aquello que estas buscando, no dudes que tendrás cuanto quieras, que tendrás cuanto pidas, tus deseos se harán realidad.

Ingenuo te creí, no advertía que la tenías, que ya la albergabas, latente como una solitaria enroscada en tu alma, oculta entre la abundancia, provista de un veneno letal.
No son óbice alguno las opuestas latitudes que nos separan, para consumar tus indignas traiciones y sucias acechanzas.

Cuando decías que eras mi amigo en realidad ocultabas afán, capricho y pretensión.
Hasta que percibí tus palabras infectadas dirigidas con seducción, preparando la treta, preparando la traición.
Obsequios sugerentes, invitaciones para el disfrute de placeres carnales y aún sin darme cuenta ya la tenías, oculta entre tus pertenencias envenenada para mí.

Disfrutas de la preponderancia y de las riquezas, yo indigente menesteroso sin opulencias, solamente amparado por el escudo de una pluma que me defiende y me justifica en las delicadas coyunturas que se me presentan en el trajín del día a día.
¡Y recréate!Ya la tienes, engendrada a tu medida, intuida para tu goce concebida para ti.

Palabras esdrújulas ensayadas, buscando el refugio de un corazón amable, cálido y espacioso siempre dispuesto a guarecer los testimonios de aquellos que lo anhelan.
No me perturbas el sosiego, no me alío con el terror, me cobija la seguridad, la certeza, la confianza y la predilección.
Observarás como me desvanezco ante ti, entre la bruma, te darás cuenta que sólo te cedo desérticos y polvorientos latifundios, cuando yo estaré en simbiosis, micorrizado con mi otra parte inmaterial.

Por que tú ya la tienes, eres su propietario, es tuya, puedes estar orgulloso no es fácil conseguir semejante conquista, deléitanos con ella, paséate presuntuoso por los andenes subterráneos de tu mundo proyectado.

Cuando decías que eras mi amigo en realidad ocultabas afán, capricho y pretensión.
Hasta que percibí tus intenciones contaminadas, tu hipérbaton perverso capaz de alterar costumbres afianzadas de este mundo y del exterior, consolidando así una amplia visión que aporta validez a mis argumentos, dejando entrever una conmuta a la espera de fantasías, entusiasmo y agitación.

Se ha convertido en parte de ti, ya jamás os podréis separar, siempre te acompañará, hasta el final de tus días . En una expiración tranquila o en un final atroz.
Déjame decirlo otra vez, ya la tienes, es toda tuya, ya tienes… infectada la voz.

 

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Desperdicio menudo

Desperdiciar tiempo es desperdiciar vida. No aprovechar al máximo los buenos instantes es renunciar a pequeñas dosis de satisfacción para quitarse el mono de las rutinas.

Diría yo que sí. Los buenos instantes, son momentos que se dejan escapar con demasiada facilidad y que ya no volverán para su disfrute, por lo menos en esta vida, instantes a los que se desiste muy a menudo y no se disfrutan como se debiera, y por si alguien no lo tiene presente, el reloj sigue descontando segundo tras segundo.

Nunca es tarde para…

Acabar aquello que un día dejaste a medias, o comenzar aquello que diste por zanjado sin ni siquiera haberlo planteado con seriedad. Nunca es tarde, pero ni te confundas ni te dejes confundir, el tiempo vuela y con cada estación que pasa, este se acelera un poco más.

A lo que me vengo a referir, es que si uno no hace las cosas como las siente, de una manera personal y a su propio estilo, es muy probable que esté sacrificando tiempo a lo tonto. Tiempo que se hubiese podido convertir en alguna alegría, por lo tanto en satisfacción. Así que… por que las cosas se han hecho siempre de este modo, o por que deberían hacerse como las hace todo el mundo, o por lo menos hacerlas como las hace Menganito muchísimas veces se tira un precioso tiempo por el retrete, y si con todo esto vas y te conformas… te vienes a lo vulgar, le das cancha a ese tiempo tan mal empleado para que desaparezca con más rapidez.

Utilizaré mi propio ejemplo para que se entienda. Soy de una manera que ni apruebo ni entiendo la forma del desperdicio y cuando hablo de desperdicio, me refiero al despilfarro en general.

Me hiere profundamente ver el trato tan banal que últimamente se le da a los alimentos por parte de algunos, que derrochan, desperdician y juegan con la comida delante de las  cámaras, ningún bicho de los que estos “seres civilizados” tildarían de salvaje, utiliza de una forma tan absurda un bien tan preciado. Por lo que se refiere al agua, ya casi ni hablaré, quien más quien menos ya sabe lo que hay.

Me entristece ver como día tras día se malgastan recursos naturales, recursos económicos y futuros porvenires que poco importan a día de hoy, lo más básico carece de importancia, lo fundamental se aparta a un lado para que el ímpetu social nos taladre y nos convenza de que necesitamos todas las memeces y gilipolleces que se llevan hoy en día.

¿Es necesario incurrir en esta gran pérdida de tiempo que se nos propone?

Sin título

Imagen editada por ElotroCiudadano

Como es mi propio ejemplo, opinaré lo que me venga en gana de mi tiempo. Siendo realista y dada la fugacidad con la que aparecen y desaparecen amaneceres y atardeceres, considero que no me queda demasiado tiempo, por lo tanto no me permitiré el lujo de regalarlo a lo tonto con acontecimientos improductivos y bochornosos y mucho menos invertir mis preciados puñados de tiempo en episodios o personas que no me vengan en gana.

Hace unos cuantos días lo hice, desperdicié un valioso tiempo que me va a ser muy difícil volverlo a equilibrar en la parte de la satisfacción durante algún tiempo. No se si por quedar bien, o por no saber decir que ¡no! o por no poder, la cuestión es que malgasté tiempo del que tengo guardado de reserva en un arcón, para hacer absolutamente nada.

Nada…

Así de simple, nada, quedarme mirando como desaparecían los diminutos fragmentos de tiempo junto con minúsculas partes de mí. Por un capricho ajeno, por no utilizar el sentido común, ni haber tenido la más mínima curiosidad por parte de mi acompañante en saber lo nos depararía esa improductiva jornada, por todo ello me siento estúpido y entono el mea culpa

¡Mea culpa!

Por meterme en camisas de once varas. Mea culpa, por distanciarme de aquellos de los que  me enseñaron y pueden seguir haciéndolo. Mea culpa, por  no saber a estas alturas que la gente es de capricho y que la gente no se adapta a la naturaleza cambiante ni a terrenos abruptos, la gente tan solo se adapta con facilidad a sus “Aifons”

Y mea culpa otra vez, por hacer caso omiso del presentimiento tan claro que me alertaba  de que no iba a ser precisamente esa jornada, la mejor de mis dias.

En resumidas cuentas, me arrepiento de no haber empleado mejor mi tiempo, el arcón ya guarda un puñado menos, que quedó esparcido entre rocas y sollozos, quedó a merced del viento y la lluvia que lo esparcirán a su antojo, privándome así de poderlo recuperar si otro año vuelvo por allí.

No perdamos el tiempo por querer quedar bien. No perdamos el tiempo por no querer ver lo evidente. No desperdiciemos parte de nuestra vida por antojos de criatura. Cuando las reservas se agoten no habrá para mucho más y nos arrepentiremos de no haber sabido decir que ¡no! en más ocasiones.

 

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