Ir de uno mismo

Una noche oscura pero luminosa a la vez, ampara el rugir de la gresca del carnaval en todos o en casi todos los pueblos y ciudades del país maravilla. En estos días se pertrecha la reconquista del feudo inexpugnable de lo sensato, con  asaltos consentidos a la cordura y a lo formal, con acometidas al pensar juicioso que para algunos tanto cuesta de mantener durante el resto del año. Después de un período de tanto calvario el pueblo necesita un desahogo a modo de dulce bálsamo reconstituyente para su motivación y poder así seguir subsistiendo con la dura labor de cultivar las poco fértiles tierras arrendadas al rey carnaval, el soberano que sigue aferrado a su mandato año tras año, arrastrando una larga experiencia y la sabiduría de como se ha de manejar con el proletariado. Pero hoy su majestad nos permite campar a nuestras anchas. ¡Qué benevolencia la de su alteza! permitir el olvido masivo de todas y cada una de las labores diarias por unas cuantas horas. Poder dejar de escuchar el sonido del labrar tortuoso de los picos y las azadas al chocar el hierro contra la piedra viva, abandonar las rutinas cotidianas a las que el pueblo se ve sometido y obligado, soportando humillaciones sin poder expresar demasiado su descontento ni su inconformismo. Así se manifiesta la verdadera grandeza del rey, en noches como estas, nadie sabe mejor que él, ofrecer lo que realmente necesitan sus súbditos, nadie como él es capaz de donar las alegrías necesarias en un espacio de tiempo tan corto, aparte del grandioso dios del deporte y no de cualquier deporte, si no del deporte de los graderíos abarrotados para ver eso que denominan balompié.

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Imagen editada por ElotroCiudadano

¡Rey carnaval! proclama a los cuatros vientos que hoy permites zarandear otra vez este país de maravilla, proclama que se ha instaurado fugazmente el júbilo en tus dominios, proclama que para ti el pueblo es lo primero, haz saber a quien no lo sepa todavía, tú deseo de dirigir una corte que empatiza con los trabajadores de tus tierras. Esto te supondrá ser nuestro rey por muchos años más, si finalmente las partes interesadas sellan el pacto que nos proporcione a unos mas días de jarana y a los otros el dominio sin tener que usar las papeletas, a diferencia de esos lugares muy muy lejanos que las utilizan sin ni siquiera saberlas usar. Sabemos que eres un gobernante justo que no soportas las penurias ni el hambre de tu pueblo, que evitas expolios y te preocupas por todos y cada uno de tus humildes campesinos para que no les falte el cobijo de un techo para poder dormir con tranquilidad, así es el monarca del jolgorio, gobernante tenaz del que otros muchos deberían de aprender.

Un rey que va de él mismo con disfraz, coherente en su forma de pensar, sin cambiar de chaqueta cuando la situación lo requiere, fiel a sus vestimentas de siempre sin necesidad de engatusar a nadie, un rey al natural que se enorgullece de ser como és y que no le preocupa demasiado ceder la poltrona si considera que otro aspirante con  aptitud va a garantizar muchos carnavales más.

Con el último suspiro de la mascarada, la muchedumbre se despojará de las ropas chocantes, de las caretas y de las máscaras que ocultaban sus personalidades, dejando entrever rostros entristecidos y comparsas alicaídas al darse cuenta que pronto se tendrá que volver a entrar en lo real, a renunciar al país de maravilla y a proceder al entierro de una tal Sardina, una honrada administradora que para que salgan las cuentas entrega la vida por su rey  ¡Sé fuerte Sardina!

Ahora tocará seguir viviendo una realidad que no ha tenido tiempo de cambiar demasiado en estos dos días, el buen rey esperará en la sombra el resto del año para dejar paso a mandatarios quizás un poco más enviciados que seguirán luchando por sus propios intereses, desatendiendo sus obligaciones como bien marcan los cánones de esos países tan tan lejanos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de ElotroCiudadano

Soy de relatos cortos, de Bukowski y su crudeza soy de música pop, de rock y de electrónica, soy de buenas películas, de Tarantino y su agudeza. Soy de gente, más bien, de la que me pueda enseñar Soy devorador de letras y canciones, de Opiniones. Reflexiones. Surrealismos y decepciones
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