Sumergidos

Uno se sienta a tomar el primer café del día bien entrada la mañana, con calma, con toda a la que el momento invita, sabiendo que hoy lo puedo prolongar un poco más, ya que mis horarios van un poco de por libre comparados con los que podríamos decir que son los habituales. Así que en la cocina, sentado en una silla y apoyado en la mesa, creo mi propia atmósfera, gusto poco a poco un café largo que minutos antes habitaba en estado sólido dentro de una capsula. Me recreo, remuevo el café. Con la misma cucharilla mis pensamientos también. Confiados, todavía permanecen adormecidos, en stand by, a raiz de las horas del pasado sueño. Le doy vueltas a la cucharilla deslizándola por el interior del vaso, cuando paso el relevo de esta labor a mi juicio, para que siga él aplicando vueltas a mis ideas para ser un improvisado despertador de propósitos. Así despabilo eficazmente a todos y cada una de los habitantes internos instalados en la parte mas soleada de mí.
Imágenes, planteamientos, percepciones, nociones, modelos, creencias, idearios, valores y alguno más que no pasó en su día por recepción. Son unos residentes bienintencionados, itinerantes sin voluntad de echar raíces en la propiedad ajena, inquilinos que aportan su granito de arena en la formación del universo particular de uno mismo.
Estos días me traen de cabeza unos en concreto, están aquí cerca, no muy lejos, unos de los últimos que enumeraba cuatro líneas de mas arriba.

sumergido

ilustrado por el OtroCiudadano

Valores. Hasta ahora me parecía conocerlos, creía que sabía, si no todo, casi todo de ellos, había leído y trabajado sobre ellos, además de recomendarles en muchas de las acciones y actividades de las que desempeño en mi trabajo. Estoy pensando que quizás no los conozca tanto como pensaba, ¡incluso puede ser que haya otros!
Me da la impresión que tan solo alcanzo a ver las puntas, que son como témpanos de hielo a la deriva, que a los valores como tales se les mantiene sumergidos en un frío mar interior cuyo rescate, si no se cambia de perspectiva va a ser muy complicado, por no decir casi imposible de realizar. Se mantienen en un mar extenso, colisionando insistentemente entre sí, necesitan atención, están cubiertos de una mugre contagiosa que los asfixia, ensuciados por las excusas con las que los recubrimos (yo me incluyo) para poder pasar cerca de ellos sin tener que sentir remordimientos.

¡Y así los hemos tergiversado! y estos han pasado a ser los otros, los que no tienen vida, los fríos, los inertes, los que por mucho que nos esforcemos en tocarlos y hacerlos nuestros, esta sociedad nunca los podrá alcanzar, nos conformaremos en ver sólo hologramas mate que nuestras manos atravesaran como siluetas de humo y que su única utilidad será aplacar las conciencias de aquellos que tienen los escrúpulos por debajo de cero.
Los otros. Valor de. El valor de tener la jeta para engañar y estafar los ahorros de la gente mayor con las olvidadas preferentes, pero que sus consecuencias siguen ahogando miles de hogares. Tener el valor de ser un pederasta y andar tranquilamente por la calle, se tiene que tener el valor de ser un cargo público y vivir a tutiplén con el dinero de los demás y entre otros, se tiene que tener el valor de mentir públicamente día tras día y que no se te caiga la cara de vergüenza. A pesar que la vergüenza también anda si no sumergida, con el agua hasta el cuello. Curiosamente quienes deberían dar ejemplo y utilizar más los otros son los que utilizan incesantemente estos, exprimiéndolos hasta que se les siente el último suspiro.

Consciente, que todos y cada uno de nosotros también estamos algo sumergidos en las rutinas y obligaciones diarias, nos cuesta  esfuerzo extra el acto de reflexionar y ver cómo se están malogrando los valores en pleno siglo XXI. Es necesario que dejemos de mirar a través del cristal, pasar al otro lado,  auxiliar y ayudar a una desatendida compostura, recuperar y utilizar a los otros como y para lo que son. Hay que tener en cuenta que han sido desplazados por estos, si nos fijamos detenidamente, podremos observar que son invasores sin reparos con tendencia a caer siempre en manos equivocadas, movidos por la sed de colonizar grandes colectivos y multiplicarse, siendo capaces de encarroñar los talantes mas rectos que se prometían honestos, dejando tras de sí una estela de impotencia y de indignación, que poco tiene que ver con los valores que la gran mayoría de nosotros quisieramos distinguir.

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Acerca de ElotroCiudadano

Soy de relatos cortos, de Bukowski y su crudeza soy de música pop, de rock y de electrónica, soy de buenas películas, de Tarantino y su agudeza. Soy de gente, más bien, de la que me pueda enseñar Soy devorador de letras y canciones, de Opiniones. Reflexiones. Surrealismos y decepciones
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