El que vuela como un azor

En esta época del año el poblado solía establecerse en el Valle del fuego por circunstancias  relacionadas con la necesidad de encontrar alimentos y agua. Haouk había estado fuera tres días, ocupado junto con sus dos hermanos, los tres jóvenes guerreros habían estado en una misión encargada por el que se reafirmaba día tras día como líder del poblado. La encomienda consistía en entorpecer y frenar el avance de un pequeño grupo de soldados del ejército Federal Atlántico, detectado por sus rastreadores que tenían el cometido de velar por la seguridad del pueblo y de sus gentes.

Butheu era el abuelo de Haouk, el que le rebautizó con el sobrenombre de “vuelo del azor” cuando vio como el hijo de su hijo formaba la misma figura que un azor en vuelo rasante, saltando del lomo de su caballo hacha en mano, con los brazos extendidos y las piernas juntas, simulando la característica cola de este ave, haciendo gala de su vuelo depredador en busca de ingenuas víctimas como podían ser los burdos soldados federales que en ningún momento serían conscientes de que la muerte les buscaba desde el aire. Haouk aprovechaba la velocidad del caballo para saltar y levantar un vuelo veloz con un picado mortal sobre su víctima, para acabar abatiéndola de sendos golpetazos con el hacha. El anciano Butheu se daría cuenta de la forma tan distinguida que su nieto tenía de matar, por eso le había otorgado el honor de llevar un nombre de ave rapaz, un ser venerado por muchos pueblos generación tras generación.

Durante los tres días de la misión, Haouk estaba pasando su particular calvario, estaba totalmente motivado y preparado para luchar si se complicaban las cosas intentando hacer retroceder la caravana de los hombres civilizados. Al mismo tiempo libraba otra batalla interior con sus pensamientos, no podía dejar de pensar en su gente y en el poblado que a su propio juicio estaba desatendido. La incertidumbre del no saber le carcomía por dentro, y en especial el no saber de su compañera. Lariss era la chica con la que llevaba conviviendo unos cuantos años ya, digamos que eran una especie de pareja adaptable a todas las circunstancias que se les pudieran presentar. El joven guerrero cuando estaba lejos se preocupaba de Lariss por encima de todas las cosas, algo que parecía un poco raro, ya que cuando estaban cerca el uno del otro parecían no darse demasiada importancia.

La cabeza del muchacho barajaba la posibilidad de que el grueso del batallón federal hubiese descubierto el poblado, con lo que esa avanzadilla solamente sería un mero señuelo para atraer a salvajes guerreros y dejar así el poblado desprotegido, amparado por la vulnerabilidad y poder permitir a la caballería cumplir con la orden de arrasar y destruir todo lo que tenga que ver con esa raza de salvajes. Haouk se arrastraba por un suelo árido y polvoriento para poder vigilar los movimientos de los soldados, evitando así ser descubierto, al mismo tiempo le era imposible frenar sus pensamientos que cabalgaban veloces hacia el Valle del fuego para comprobar que todo seguía bien. Tendría que conformarse en cerrar fuertemente los ojos para seguir creyendo en los positivos pensamientos que aleatoriamente su cerebro arrojaba. Cuando volvía en sí, el galope largo del caballo regresando al poblado se esfumaba entre el polvo, depositándose otra vez boca abajo en ese suelo árido que le proporcionaba un necesario camuflaje bajo un sol de justicia. Incansablemente seguía siendo castigado por la incertidumbre de no saber si lo único que encontrarían a su vuelta serían los rescoldos humeantes de las cabañas, destrucción y muerte infligida por aquellos que en nombre de la civilización intentaban desalojarles de las tierras heredadas por los abuelos de sus abuelos.

Tunturihaukka 0150 (Falco rusticolus) Gyrfalcon Varanger Norway April 2009

Imagen editada por ElotroCiudadano

Al tercer día de vigilancia, deparó la sorpresa, caía la tarde y los soldados federales preparaban sus monturas con la intención de partir, habían llegado al cruce de caminos que conducía a Fort Grande y no pretendían avanzar más. Posiblemente ya habían encontrado lo que andaban buscando. Se pusieron en marcha, retrocediendo sobre los mismos pasos por los que vinieron, las figuras de los hombres encima de las monturas poco a poco iban desapareciendo en el horizonte dejando a Haouk y a sus hermanos con una grata sensación de alivio en el cuerpo. Aquellos soldados federales solamente estaban reconociendo nuevas rutas de paso para el transporte de víveres y armas de la gran ciudad a Fort Grande.

La misión de los tres jóvenes guerreros había finalizado sin la necesidad de haber tenido que llevarse la mano al carcaj ni de haber utilizado sus afiladas armas, las mismas que eran capaces de convertir en pocos segundos un hombre en despojos. A los pocos segundos de desaparecer los soldados de su vista, los tres hermanos cabalgaban en dirección opuesta a las caballerías federadas, camino a sus tierras y a su gente. En la cabeza de Haouk otra vez dudas… ¿Habré pensado demasiado? ¿Ha sido todo una falsa alarma? ¿Es necesario preocuparse tanto? ¿ Me sentiré culpable si la desgracia cae sobre nuestro pueblo? ¿Hasta cuándo tiene uno que proteger todo lo erigido por sí mismo?  ¿Podría soportar no volver a ver a Lariss?

Esta había sido la verdadera batalla de Haouk, una lucha de tú a tú con sus propios pensamientos, en una línea del frente despiadada, punzante, muchísimo más profunda  que la herida que puedan propinar las bayonetas de aquellos miserables saqueadores blancos. Había estado obligado a reordenar sus pensamientos con la misma frecuencia  que bate las alas un halcón cuando queda parado en el aire avistando su presa en el suelo.

Los hermanos llegaron al poblado después de dos días y dos noches de duros galopes, a la segunda madrugada, entraban en el poblado, sigilosos para no despertar a nadie, las chozas estaban intactas, al fondo la de Lariss, esbelta y erguida dando cobijo a su moradora como cada noche. La vida había transcurrido estos tres días sin inconveniente alguno y la noche seguía lentamente aclarándose acompañada del silencio quebrado de vez en cuando por los cascos de los caballos todavía agitados por la galopada ininterrumpida a la que fueron exigidos. Haouk entró en su tienda agotado del largo viaje, deseaba más que nada en el mundo ver a su compañera, pero esperaría hasta mañana, o mejor aun esperaría a verla dentro de unas horas. Lariss les había escuchado llegar, a hurtadillas entro en la tienda para meterse en el camastro y entre los brazos de Haouk, y este volvió a pensar...

…en todo aquel tiempo que llevaban juntos y lo mucho que la seguía queriendo. Aunque muchas veces, tenía que verlo todo perdido para darse cuenta.

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Acerca de ElotroCiudadano

Soy de relatos cortos, de Bukowski y su crudeza soy de música pop, de rock y de electrónica, soy de buenas películas, de Tarantino y su agudeza. Soy de gente, más bien, de la que me pueda enseñar Soy devorador de letras y canciones, de Opiniones. Reflexiones. Surrealismos y decepciones
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